Sic Semper Tyrannis

I

Estiró la pata, colgó los tenis, bailó Berta, se puso el traje de madera, se fue caminando pa’ bajo, se petateó, se fue al otro barrio, le está dando de comer a los gusanos, se lo cargó el payaso, le dieron cuello, pasó a mejor vida, entregó el equipo, huele a ciprés, se lo llevó la flaca, pateó el balde, peló el bollo, se fue al parque de los estirados, colgó el traje, se fue a ver a don Goyo tres metros bajo tierra, salió con los pies por delante, se lo llevó la tía de las muchachas, subió a la azotea, se lo llevó patas de catre, no dejó ni la zalea o que ya está descansando en la gloria del señor, son ejemplos de dichos maliciosos que se aplican en diversas circunstancias cuando muere una persona.

      Pero las circunstancias de la muerte influyen para poder aplicar los términos. Es decir, no pueden aplicarse así como así, con tal chabacanería, a un asesinato brutal, no resuelto y con tintes perturbadores. El humor se pierde, el chiste sale sobrando. Como escupir para arriba, hay que ser bruto para burlarse de una tragedia de la magnitud, por ejemplo, del estudiante desollado de la normal rural de Ayotzinapa. Hay que ser bruto y sin embargo nunca falta el bruto que busca llamar la atención.
Pero sí podemos decir que, por ejemplo, a Juan Camilo Mouriño se lo cargó el payaso o le dieron cuello. De alguna forma la sociedad permite el escarnio como forma de revancha y como en un memento mori, recordar la fragilidad humana y generar un balance entre la injusticia. A Juan Camilo Mouriño le dieron cran y por lo mismo sobreviven los chistes sobre la relación entre avionazos y secretarios de gobernación. Tales reflexiones sirven para señalar el torpe juego de los actores principescos en el gran teatro del mundo.

II

      Ante el terror de que el gobernante se convierta en tirano, Julio César cae apuñalado por los miembros del senado: Et tu, Brute? Sus famosas últimas palabras. Pero lejos está la figura de Julio César en donar si quiera un poco de su efigie a cualquier politiquillo de nuestro entorno. Tal vez tenga más parecido otrafigura clásica con el actual estado de la política mexicana. Hablo del tirano asesinado también por mano traidora de allegados, pero no en los Idus de Marzo, sino durante los Juegos Palatinos: hablo de Calígula, el cruel.

     Aficionado a perversiones y deleites violentos, Cayo Calígula –según los chismes de Suetonio–, asesinó en secreto a varios adversarios políticos para después mostrar públicamente su tristeza por la decisión del occiso a cometer suicidio.
“Que me odien con tal de que me teman”, declaraba Calígula ante gladiadores, senadores, nobles, pretores e incluso frente a la efigie del mismo Júpiter. “Todo me está permitido y contra todos”. Palabras que profería el ufano Calígula y que parecen cualidad natural en los políticos de la tortilla. Claro está que Calígula tenía una idea diferente del poder y, por lo tanto, de la divinidad; él mismo se sentía un igual ante los dioses.

      En su apocoloquintosis, el divino político mexicano de medio pelo mantiene una idea tan elevada de sí mismo que se permite actitudes tan o más arrogantes que las del mismo Calígula. Aun cuando Suetonio enumera las perversiones del César y hace uso de la propaganda, los fatuos energúmenos del poder ejecutivo se quedan cortos con sus aberraciones dispuestas ante los ojos críticos de quien se atreva a mirar.

     Por economía, se pueden enlistar de la siguiente forma las infamias de Cayo Calígula a la manera en que Suetonio las aborda: asesinatos y humillaciones a funcionarios públicos; la revancha violenta nacida de la extraña envidia hacia aquellos a quienes despreciaba y consideraba inferiores; gustos sexuales que incluían la humillación de otros a su merced; despilfarros económicos para la edificación de sus níveos palacios y argentinas casas de campo; artimañas militares para legitimar su gobierno por medio del asesinato de inocentes o batallas prefabricadas con propaganda del estado regada por doquier.
Basta leer con atención encabezados de periódico, declaraciones públicas y alguno que otro chisme de la alta esfera política para que cada nota caiga en su respectivo lugar. Y si no es así, bien debemos limitar las palabras a ejemplos concretos: violaciones tumultuarias (Lenin Raymundo Carballido, alcalde de Oaxaca) y prostitución dentro de los partidos políticos (Cuauhtémoc Gutiérrez, dirigente del PRI-DF), así como trata de blancas y turismo sexual solapado por gobiernos municipales (Colima, Baja California, Acapulco, por mencionar algunos); gastos millonarios en campañas fallidas; la orden de abatir a inocentes y después manipular la escena para manifestar que eran enemigos o como dijo Daniel Saldaña París: “La PF asesinó cuarenta y dos narcos porque su definición de "narco" es "persona asesinada por la PF".
Suetonio sentenció ante un hecho similar en la época tiránica de Calígula: “también en esta comedia repugnante se debían violar las leyes humanas”.

III

     Cabe entonces preguntar: ¿cuáles son las enseñanzas que nos deja el historiador latino sobre la vida de Calígula? Primero, que el peor defecto de quien gobierna es la combinación de la confianza excesiva con la excesiva cobardía. Segunda, que deriva de la confianza excesiva: para que un reino, imperio o país caiga en la ruina sólo es necesario un periodo de tres años. La tercera, que deriva de la excesiva cobardía: los hombres poderosos todo el tiempo tienen miedo de algo, a veces, incluso, de los poetas. Como el multimillonario Cartier, quien declaró hace poco que un pensamiento lo paraliza de miedo y lo mantiene despierto por las noches: el ascenso del proletariado al poder. Es decir, que los pobres tomen el poder y ajusticien a Cartier cual María Antonieta en guillotina.

     Y la cuarta, que deriva de todas las anteriores: detrás de cada asesinato execrable hay una mano culpable. Detrás de cada asesinato político hay alguien dispuesto a cualquier cosa para conseguir o mantener el poder. Y quién mantenga el poder a costa de un asesinato, es propiamente un asesino que gobierna un pueblo, un país.
     Los políticos en México se mueven en las sombras, dentro de la oscuridad, bordeando los límites de lo legal. Pero gobernar un imperio, según declaraciones del emperador Tiberio, es como tener un lobo sujetado por las orejas; si se renuncia al uso del poder, el lobo suelto da la vuelta y devora al que lo soltó.

IV

     “Un gran mago, DongPo el adivino, me enseñó su gran secreto: la máquina para cazar mariposas…” Así comienza el poeta chino Su Shi de la dinastía Song una de las ochocientas cartas que escribió en vida, donde relata como DongPo construyó una máquina curiosa con la cual podía crear un filtro capaz de dar la inmortalidad a cualquiera. La leyenda se propagó con rapidez hasta alcanzar los oídos del Emperador, quien mandó llamar a DongPo. El mago, asustado, decidió escapar con su máquina y convertirse en vagabundo.

     Según cuenta en la carta, Su Shi conoció a DongPo en persona. Para entonces el adivino era un anciano centenario y el emperador que lo perseguía había muerto hacía mucho. Nadie sabe si en realidad existió DongPo o si fue un invento de la mente juvenil de Su Shi para cifrar un mensaje: la mejor cualidad del tirano es su mortalidad.

     La carta de Su Shi termina así: “…después de mostrarme su funcionamiento, DongPo destruyó la máquina, porque nadie quiere vivir en un mundo sin mariposas y con tiranos inmortales”.

V

     Si sabemos la última frase de Julio César, conviene saber lo que dijo Marco Bruto al clavar el puñal a César: Sic Semper Tyrannis, así siempre a los tiranos. Con esta frase han justificado su postura sobre el tiranicidio desde eruditos como Juan de Mariana hasta asesinos enloquecidos como John Wilkes Booth.
Sirve recordar a los políticos su fragilidad humana y sirve que la literatura cada tanto les recuerde que son hombres y como hombres deben vivir y como hombres, morirán. Pero la sabiduría popular también les recuerda a sus regentes tiránicos que ellos son, para la muerte segadora, candidatos seguros a estirar la pata, colgar los tenis, bailar con Berta o ajustarse al cuerpo el ineludible traje de madera.