Lo verdaderamente crudo del precio internacional del... ¿crudo?

El espíritu optimista que acompañó la promulgación de la Reforma Energética a finales de 2013 tuvo muy poco tiempo de efervescencia. El contexto internacional pronto acalló las voces de júbilo y regocijo, de tal forma que éstas fueron sustituidas por miradas atónitas que comenzaron a centrar su preocupación en el comportamiento a la baja del precio internacional del petróleo, el cual de manera muy similar a lo que sucede con los electrocardiogramas en los hospitales, se convirtió en el punto neurálgico de atención para empresarios, políticos, académicos y medios de comunicación.

     Y es que el precio del barril de petróleo ha sido desde la década de 1980 el principal indicador para monitorear el ritmo cardiaco de la industria de los hidrocarburos, de tal forma que su comportamiento ha llegado a tener un impacto elevado en la distribución de otros recursos al interior de la economía nacional. Pero esto no se queda aquí, ya que también ha alentado y justificado el despido de personal como parte de las estrategias empresariales para sobrevivir a las tempestades y la incertidumbre que una crisis del precio del petróleo de por sí conlleva.

     A propósito de esto, Masoud Movahed (investigador adscrito al área de Economía del Desarrollo de la Universidad de Nueva York) nos recuerda cómo en medio de una lógica de competencia empresarial, existe una dinámica obsesiva e inherente al capitalismo orientada hacia el aumento de la competitividad, en donde con tal de reducir la matriz de costos y permanecer dentro del juego económico, lo que menos importa para las fuerzas del mercado son por una parte los costos sociales, y por la otra aquellos ligados al medio ambiente.

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La territorialidad petrolera

     En temas energéticos el territorio importa, si no fuera así todas aquellas dinámicas geopolíticas que existen sobre el petróleo sencillamente no tendrían razón de existir. Y es que el petróleo, en tanto su conversión a recurso estratégico a partir de la segunda mitad del siglo XX, ha requerido para su extracción de una férrea territorialidad.

     Por territorialidad me refiero tanto a su noción materialista como la idealista. La primera es aquella que refuerza el control físico, en otras palabras el dominio de la tierra. La segunda va más hacia una dimensión simbólica constituida a través de mitos y símbolos. Esta segunda visión es mayormente estudiada desde la antropología, pero no por ello implica que la industria petrolera no se haya propuesto construir códigos culturales que quieran sustentar el modo de producción actual, o por lo menos que quieran impedir códigos que los denuncien. Por lo pronto, no es raro escuchar desde instancias oficiales una estrecha relación entre petróleo y progreso, sin que se tomen en cuenta con seriedad los daños que la explotación intensiva ha ocasionado.

     Todo esto ha propiciado que así como el hidrocarburo es valorado como un bien económico, el territorio donde éste se deposita y por dónde transita, también adquiera una connotación similar. Por ello, la competencia por los recursos (hidrocarburos y territorio) es una condición natural del sistema de economía-mundo en el que nos encontramos. Los protagonistas tradicionales de dicha competencia han sido los Estados-nación, sin embargo, a este marco se añaden las empresas transnacionales, quienes junto con los primeros establecen alianzas para realizar acciones a favor de sus intereses. Todo con tal de articular territorialidades multidimensionales.

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Petróleo en Tabasco: la extensión de un conflicto

Una preocupación central para la ecología política consiste en identificar las relaciones de poder que son ejercidas durante la apropiación de los recursos naturales. En el tema petrolero mexicano, las relaciones de poder han sido planificadas desde el ámbito gubernamental, pues Petróleos Mexicanos como empresa paraestatal ha contado con el apoyo político para activar y después reproducir lógicas extractivas en distintos territorios del sureste mexicano.

     Sin embargo, las prácticas extractivistas se han caracterizado por conducirse a través de mecanismos de exclusión hacia los habitantes de las localidades donde se encuentran los yacimientos petroleros. Esto ha conducido a que tal como lo dicen los escritos latinoamericanos sobre ecología política, la instauración de una actividad extractiva como la petrolera, funja como el antecedente para la instauración de un escenario de tensiones entre distintos actores.

    Dicho escenario se complejiza más cuando el ejercicio del poder se conduce mediante el uso coercitivo de la fuerza. Esto por ejemplo en el caso tabasqueño ocurrió cuando a mediados de la década de 1980, intervino la policía y el ejército en aquellos casos donde propietarios, ejidatarios y campesinos se opusieron a la instalación de mecheros en sus tierras.

   Además de la intervención policiaca-militar, la pugna de intereses para el ejemplo tabasqueño, tuvo en el centro de toda negociación el pago de indemnizaciones que un movimiento social –el Pacto Ribereño- exigió por las afectaciones a sus bienes agropecuarios. Es importante recordar que para ese momento se confrontaban dos actividades económicas, por una parte la agricultura y por otra la petrolera, aunque esta segunda con un mayor apoyo político y recursos económicos e institucionales que terminarían por hacerla vencer en la contienda.

    Todo este contexto para decir que tras 30 años de extractivismo petrolero en Tabasco, el escenario de conflicto en la entidad no ha dejado de existir, y esto debido a que las dinámicas de exclusión tampoco se han desdibujado. Hoy en día la explotación del petróleo sigue beneficiando solamente a unos pocos.

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La Reforma Energética en su resonancia local

El pasado 28 de octubre se celebró en Ciudad del Carmen, Campeche un encuentro académico cuyo objetivo fue identificar y analizar las consecuencias sociales, económicas, culturales y ambientales que la reforma energética desata en el territorio mexicano, particularmente en los escenarios locales circunscritos a ciudades petroleras. El evento al cual asistí como ponente estuvo nutrido por la concurrencia de estudiantes de la Universidad Autónoma del Carmen (UNACAR), académicos, así como (de manera sorpresiva) representantes de cámaras empresariales locales y nacionales.

     Los organizadores comentaron previamente a quien escribe estas líneas, las grandes expectativas que este foro despertó en la audiencia, y que son entendidas dada la actual situación de estancamiento económico e incertidumbre que golpea al país, pero que en el caso de ciudades petroleras como Ciudad del Carmen se percibe de una manera más focalizada e intensa.

     Hoy en día los carmelitas, carmelos, y población flotante ven con inquietud la diáspora de muchas familias quienes al quedarse sin empleo se ven obligados a abandonar la isla. Estando en espera del vuelo en el aeropuerto de la Ciudad de México, un pasajero que se dirigía hacia el mismo destino conversó conmigo y me confirmó este sombrío panorama que incluso ponía en duda su propia residencia en la ciudad.

     Por este motivo, logré entender por qué las preguntas de los estudiantes que asistieron al evento versaron sobre el tipo de oportunidades laborales que existían para ellos en los nuevos espacios que hipotéticamente la Reforma Energética ofrecería. Cuestionamientos nada difíciles de responder, pues la Isla del Carmen actualmente se encuentra ante una encrucijada, ya que el petróleo descubierto en la Sonda de Campeche, y con el cual se sostuvo para algunos habitantes de la isla un símbolo de riqueza, ahora se está agotando y desafortunadamente las nuevas oportunidades de exploración implican riesgos y complejidades mayores.

     El Maestro Fabio Barbosa (experto invaluable del petróleo en México) fue claro: estamos ante un franco agotamiento y los campos por explorar no tienen las grandes dimensiones a las que la Sonda de Campeche nos acostumbró. Además, la exploración por bloques que en el futuro podrá realizarse se caracteriza por su alta complejidad geológica, así como su elevado riesgo comercial. Para muestra un dato, mientras que el tirante de agua del Activo de Producción Cantarell promedia los 50 metros, otros pozos (promisorios en el futuro) como –Nab- promedian más de 500 metros, aunado a que sus condiciones de viscosidad son también mayores. El pasado boom petrolero del cual algunos lograron disfrutar, hoy verdaderamente se ha quedado atrás, y no existen indicios para sostener que éste pueda regresar.

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Mtro. Barbosa, UNACAR, 28-10-15, EHM

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Del XX al XXI, independencia y poder petrolero

Cada etapa de la historia tiende a mover a sus sociedades a ritmos distintos. La idea de la modernidad sugiere que el tiempo incrementa la velocidad, y ésta, hace lo propio con el progreso de las sociedades. Bajo este argumento un tanto idealista, el siglo actual sería la etapa de la historia más dinámica, la de mayor movimiento, la de mayor fluidez. No por nada este siglo ha sido llamado, simulando al de las luces, el siglo de los flujos y la globalización.

    Sin embargo el S.XXI más que representar un salto de página, arrastra un fuerte lastre que inclusive pone en duda la continuidad del movimiento, éste es el lastre del petróleo. En efecto, el uso de dicho hidrocarburo, que fue adoptado y adaptado durante todo el siglo XX, hoy en día manifiesta una crisis. Utilizo la palabra crisis para caracterizar este momento disyuntivo y lleno de incertidumbre, en el que la continuidad del modelo conduciría a consecuencias catastróficas, especialmente las de orden ambiental, pero no descarto las económicas y sociales.

    Aunque el descubrimiento y explotación industrial del petróleo se remonta a agosto de 1859 en Titusville, Pennsylvania, los dos factores que mayormente explican su auge se desarrollaron en el siglo XX. El primero de estos tiene que ver con la sustitución del carbón por el petróleo en la maquinaria militar, y el segundo se refiere a la reproducción y utilización masiva del automóvil, cuyo motor de combustión interna necesitó y continúa haciéndolo, de gasolinas para poder funcionar. También aquí podría incluirse el desarrollo de la petroquímica que ha llevado a que hoy en día casi todo con lo que interactuamos esté vinculado con el petróleo.

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