Carmen: la isla de pescadores que se manchó de petróleo

Desde finales de la década de 1970 hasta la fecha la Isla del Carmen y puntualmente su núcleo urbano localizado al oriente del territorio insular, Ciudad del Carmen, se han manchado de petróleo. Esta gran mancha se ha esparcido por la economía, la política, la cultura, y el territorio de la octava isla más grande del país con una superficie de 146 km2. Ubicada en una posición históricamente geoestratégica, por encontrarse entre la Laguna de Términos y el Golfo de México, hoy en día este territorio, pese a ser desde 1994 Área Natural Protegida, sigue enfrentando amenazas que ponen en grave riesgo su riqueza ecológica, la más importante de éstas el proceso de urbanización tanto precario como inmobiliario que en mucho ha sido causado por esta gran mancha simbólica con la que se ha cubierto el Carmen.

      Si bien la historia de la isla no inicia con el petróleo, como otras ciudades petroleras mexicanas que han sido pobladas a partir de la explotación de este hidrocarburo, los patrones de crecimiento físico, demográfico, y de reconversión económica sí fueron incididos por él. El cambio más inmediato ocurrió cuando la fuerza de trabajo más importante de la isla, que descansaba en la pesca del camarón, se vio físicamente imposibilitada para continuar sus operaciones. La razón de esto fue la imposición de zonas de exclusión a las que los pescadores ya no pudieron acceder debido a que allí se encontraban las plataformas y los ductos petroleros que comenzaron a ser resguardados por la Marina Armada de México.

      Este factor de peso, junto con la depredación del camarón sometido a intensivas tasas de extracción, condujo a que actualmente la flota camaronera haya desaparecido del escenario carmelita, y que el paisaje lagunero antes protagonizado por las embarcaciones camaroneras, hoy en día haya sido sustituido por los barcos petroleros.

      La mancha petrolera no solamente reconvirtió económicamente la ciudad, también la hizo crecer en virtud de los flujos migratorios que llegaron a la isla con la intención de cubrirse bajo la providencia de esta atmósfera que presumía modernidad y progreso. Así, la urbanización rebasó las barreras naturales que históricamente habían contenido el crecimiento de la ciudad. Hacia las aguas del Golfo de México se formaron colonias en los terrenos de Playa Norte, y al este la urbanización anárquica conllevó a rebasar el aeropuerto de la ciudad, que apenas unos cuántos años atrás era visto como un punto distante para la vida cotidiana.

     El resultado, de acuerdo con la autoridad municipal equivale a un problema de forma, ya que tras 30 años de extractivismo petrolero y crecimiento urbano, la ciudad se encuentra dividida en dos, ocasionando múltiples problemas de tránsito y movilidad urbana. Sin embargo, lo que realmente existe es un problema de fondo, pues la destrucción ecológica por la invasión de manglares con la que ha avanzado el proceso de urbanización ya no podrá ser revertida por más propuestas y soluciones basadas en la innovación técnica y tecnológica.
Por si faltaba algo más, el espacio social de la isla también ha sido fuertemente trastocado. A diferencia de los recuerdos que se tienen con la pesca del camarón, en el que el trato entre vecinos era no sólo cordial sino inclusive familiar, ahora lo que priva tras la llegada de la actividad petrolera es una interacción social distante, cuyo resultado se expresa socialmente en el desconocimiento de la otredad. Esto por supuesto es consecuencia del incremento demográfico, pero también de una falta de integración social cuya explicación puede obedecer al desequilibrio social que el petróleo impuso en la ciudad.

     Un espacio social fragmentado en el que la confianza es ahora un valor perdido, constituye un caldo de cultivo para que las tradiciones carmelitas que fueron reproducidas generación tras generación también vayan desapareciendo. Por ejemplo, algo de esto ocurrió con las desaparecidas tertulias carmelitas, o bien, el paseo por la Laguna de Términos a la Virgen del Carmen, el cual desde el 2013 es realizado por embarcaciones petroleras debido a que las camaroneras han sido destruidas, vendidas o desmanteladas tras el declive de esta actividad.
Con la llegada de los flujos migratorios, y el desequilibrio económico producido por esta actividad, se dio forma también a una cultura del petróleo en donde el progreso comenzó a estar sustentado en el consumo de productos vinculados con la globalización económica, cuya comercialización comenzó a realizarse en los centros comerciales y las franquicias principalmente estadounidenses que llegaron a la ciudad.

      Por otra parte, la inflación económica que comenzó a experimentar la economía de Ciudad del Carmen paulatinamente fue modificando también algunas prácticas culturales. Por ejemplo, mientras que antes era bastante frecuente consumir el camarón y otros mariscos, inclusive como botana en bodas y fiestas de XV años, hoy en día solamente puede hacerlo aquella población que se encuentra favorecida económicamente.

     Las dimensiones de la mancha petrolera que ha cubierto a Ciudad del Carmen tras estos 30 años de extracción son incuantificables, pese a ello, este tipo de procesos son desconocidos en la escena nacional, a pesar que el hidrocarburo extraído de esta región del país le ha permitido a la política energética tener protagonismo en los mercados internacionales, y con ello retribuciones para el Estado mexicano.