“Ni que estuvieras tan buena”

Por Sandra Martínez Hernández

¿A cuántas mujeres les han “echado un piropo” en las calles de México? ¿Cuántas mujeres han recibido miradas lascivas y hasta “una nalgada” por parte de un desconocido? Según el estudio El panorama de violencia contra las mujeres en México (INEGI, 2013) al 69.5% de mujeres del país les han dicho algún piropo o frases que consideran ofensivas y al 34.9% las han tocado sin su consentimiento en un espacio público. Este tipo de violencia nos sitúa a las mujeres en un estado de alerta al encontrarnos en las calles y, ante ello, buscamos acciones frente a este problema social, como encarar al agresor. Quienes hemos decidido poner un alto a estas situaciones, hemos recibido un “ni que estuvieras tan buena”, frase que demanda un silencio, un “tú no puedes responderme. Cállate”, o “tu cuerpo no tiene la talla ni las proporciones para defenderse”; frases que significan “tu cuerpo no tiene el valor para exigirme”, lo cual es un sinónimo de enojo porque la víctima ha decidido defenderse. ¿Pero qué es y de qué va el acoso en las calles?

      El acoso sexual en las calles es comprendido como “un conjunto de prácticas cotidianas, como frases, gestos, silbidos, sonidos de besos, tocamientos, masturbación pública, exhibicionismo, seguimientos (a pie o en auto), entre otras, con un manifiesto carácter sexual. Estas prácticas revelan relaciones de poder entre géneros, pues son realizadas sobre todo por hombres y recaen fundamentalmente sobre mujeres, en la mayoría de casos desconocidas para ellos” (Rivarola y Vallejo, 2013: 1). Esta violencia verbal, psicológica y sexual determina el uso libre de espacios públicos para nosotras las mujeres.

      Reflexionemos ¿A qué mujer de este país no le han dicho en la calle “adiós, mamacita”, “qué buena estás”, “qué buen culo” u otro tipo de frases agresivas? Pero eso no es todo ¿quiénes han sido víctimas de “una nalgada”, “un arrimón” o un “toqueteo”, incluso, del exhibicionismo? Según la El panorama de violencia contra las mujeres en México un 86.5% de mujeres han sido objeto de intimidación en los espacios públicos, específicamente comunitarios; el 38.3% ha sufrido abuso sexual y el 8.7 agresiones físicas. Es decir, vivimos una violencia de género cotidiana en las calles a las que debemos enfrentarnos; este hecho tiene significativas consecuencias pues, en primer lugar, modifica la rutina de nosotras las mujeres: qué rutas tomar, cómo vestirnos, una configuración de horarios que seguir y espacios por evitar. En segundo lugar, hay una interiorización del miedo: sentirnos perseguidas y siempre en la búsqueda de lugares seguros.

      ¿Pero qué significa este acoso? Cuando una mujer sale a la calle realiza un acto de desestructuración, es decir, rompe con su lugar tradicional histórico que es el hogar, no sólo lo hace de forma espacial, sino también social y políticamente, pues históricamente las calles les pertenecen a los hombres, por tanto, muchos asumen y ejercen este hostigamiento hasta llevarlo a la violencia sexual. Pero ¿qué sucede cuando las mujeres responden al agresor? La contestación puede ser de dos formas: que el individuo huya o, en otros casos, exclame de manera agresiva con frases como: “Ni que estuvieras tan buena”. Es decir, no puede haber una defensa de nosotras porque nuestros cuerpos deben estar silenciados.

      Sin embargo, ante esta inseguridad y acoso sexual, seguiremos y contestaremos a este tipo de violencia. Tenemos el derecho de transitar de forma tranquila y segura por las calles de este país; por lo que las invito a que se unan a los diferentes proyectos contra el acoso para que entre nosotras nos solidaricemos y exijamos a la sociedad y autoridades nuestro derecho de hacer uso de estos espacios públicos.

Fuentes consultadas:

  • Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2013). Panorama de violencia contra las mujeres en México. México: INEGI.
  • Rivarola, María Paula, Vallejo, Elizabeth (2013). La violencia invisible: Acoso sexual callejero a mujeres en Lima metropolitana. Cuadernos de Investigación del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú 1-22.