El mal chiste sobre la violencia

Por Nancy Hernández Martínez

Todos los días las mujeres enfrentamos diversos tipos de violencia, muchas de esas manifestaciones pasan desapercibidas precisamente por la normalización y aceptación social, incluso de otras mujeres. Un ejemplo de esta violencia es la verbal, la cual puede ser muy sutil por ir enmascarada de chistes y “bromas” en las que poco nos centramos en analizar su contenido y el arraigo social de estas formas de pensar. Pero si están ahí nos están diciendo algo, reflejan la concepción social sobre las mujeres y el rol.
Una palabra es suficiente para ejercer violencia y reproducirla. Una palabra es el inicio y deriva en muchas otras acciones hasta llegar a la muerte, sí, la muerte, porque la violencia va escalando. Y no es una exageración. Esas muertes que leemos todos los días en los periódicos, escuchamos en la radio o vemos en la televisión y que llaman feminicidios. Esos que están aumentando en nuestro país y muchas otras partes del mundo.

      Hace meses me compartieron en redes sociales un video que se titula Si los albañiles fueran caballeros, seguro que varios de ustedes lo han visto. Debo decir que no tengo claro cuál es el origen de este video o si es parte de un experimento social; resulta un video interesante por las reacciones que provocan los supuestos albañiles. Sin embargo, este ejemplo nos sirve para ver la otra cara de la moneda: la violencia verbal no es un asunto sólo de los albañiles ni de hombres de estratos sociales bajos.

     La violencia verbal a través de la cual se denigra a la mujer la ejercen hombres y mujeres, sin importar su estrato social o nivel educativo y sin importar el lugar. Lo mismo puede ser en la familia, en la escuela, en el trabajo y en los espacios públicos. Es lamentable escuchar y leer comentarios y “bromas” que nos violentan. Lo grave es que pasan por alto y son validados por quienes los escuchan.

     ¿De verdad es tan difícil hacer una broma o decir un chiste sin llegar a ser violentos y sin denigrarnos a las mujeres? Si queremos ser graciosos y graciosas utilicemos nuestras inteligencias y creatividad sin reproducir esa violencia, eso supone un reto pero es posible. La violencia no es una broma y mucho menos un chiste. No podemos pasar por alto comentarios de ese tipo, menos aún en espacios de conocimiento y reflexión, los cuales tampoco están exentos de reproducir estas prácticas.

    Muchas veces he escuchado lo siguiente: “mejor me evito el comentario porque qué tal si me sale una feminista”. No se trata de “evitarse el comentario” sino de darnos cuenta de que realmente esos comentarios, frases u ocurrencias tienen consecuencias más allá de lo inmediato. Es fácil ser políticamente correctos, pero más fácil es tirar eso por la borda y seguir reproduciéndolo. Entonces ¿cuándo y dónde empezará el cambio?

    Como sociedad estamos demasiado violentados y las consecuencias son terribles, incluso inimaginables. No tenemos que llegar al punto de ver sangre o golpes para identificar la violencia y decir ¡ya basta!, podemos detenerla desde antes, es un trabajo de todas y todos. Tampoco tenemos que llegar al punto de ser nosotras y nosotros a quienes nos ofendan o violenten para poner un alto, porque si lo seguimos permitiendo inevitablemente la violencia nos alcanzará, de hecho ya está ahí y no nos queremos dar cuenta.