Pinches feminazis

Por Sandra Martínez Hernández

Desde hace algún tiempo en las redes sociales circulan memes con distintas frases que aluden a “las pinches feminazis”, incluso, hay grupos en Facebook que tienen como objetivo hacer burla e insultar a las feministas con dicho término. ¿Pero de qué va esto? ¿Realmente existen las feminazis? Trato de responder a estas preguntas no sólo porque a esta palabra se le equipara con el feminismo, sino también por su contrariedad política y práctica. Por ello existe la necesidad de ir a la historia y analizar qué significa esto de ser feminazi y saber si realmente puede existir una postura política de esa índole.

    La palabra feminazi fue usada y creada en 1990 por Rush Limbaugh, radio locutor estadounidense, en una coyuntura donde las mujeres defendían y podían ejercer, desde hacía años, su derecho a la interrupción voluntaria del embarazo1. Las reacciones de grupos conservadores no se hicieron esperar porque el hecho de que el movimiento feminista abogara por la autonomía de sus cuerpos era, y lo es todavía, un tema que causa miedo y repudio. Ante tales eventos, la respuesta fue una estigmatización hacia las personas y Limbaugh planteó que una feminazi es, en primer lugar, una mujer que tiene como prioridad practicarse tantos abortos como le sean posibles y, en segundo término, apela por una superioridad de las mujeres hacia los hombres.

    Hay que ir por partes. Feminazi es una palabra compuesta: femi por feminismo y nazi por el régimen político totalitarista llamado nazismo, el cual tuvo entre sus objetivos una política de higiene racial, como la censura, asesinato y tortura a judíos, homosexuales, militantes del comunismo y sí, también a feministas, quienes, como el resto, buscaron exilio en otros países o fueron asesinadas. Asimismo, el nazismo declaró el aborto como crimen y clausuró las clínicas de prevención familiar.

    Lo anterior permite señalar que las acciones mencionadas son totalmente contrarias al feminismo, el cual aboga por una igualdad de derechos, por una apropiación de nuestros propios cuerpos y la lucha contra cualquier tipo de violencia. Es decir, el feminismo no es ni un régimen, ni busca el exterminio de determinado grupo, ni tiene un proyecto totalitarista. En este sentido, la categoría feminazi no sólo es contradictoria, sino que tampoco hay una praxis que devele su existencia. De modo que esta palabra ha sido usada para denostar, difamar y violentar a una reivindicación de mujeres que ha sido construida por años.

    Ante este panorama no me extraña que se use feminazi para señalar a todo aquel que sea diferente; el decir no a estructuras de poder ya interiorizadas en los sujetos siempre asustará y enojará. Feminazi es una de las tantas palabras usadas para quienes identifican y están conscientes de las relaciones de poder jerárquicas e intervienen en éstas para modificarlas. Sin embargo, no sólo somos las mujeres feministas quienes recibimos este tipo de violencia, sino también los activistas políticos en general ¿cuántas veces no he escuchado y leído adjetivos como “mugrosos”, “flojos”, “pandrosos” y otra serie de adjetivos cuando las personas se manifiestan, gritan y proponen?

    Si el feminismo se encargara de violentar a los hombres o de cambiar únicamente los artículos “las” y “los” por “les” o “lxs”, les aseguro que las mujeres no estaríamos en un salón de clases, en un trabajo. Ni siquiera podríamos votar. El feminismo es una crítica social, teórica y práctica hacia relaciones de poder jerárquicas basadas en la diferencia sexual, las cuales generan desigualdad y violentan nuestros derechos. El feminismo ha logrado los derechos que hoy tenemos: el divorcio, la participación social y política, el acceso a la educación, la autonomía del cuerpo y distintos mecanismos jurídicos contra la violencia. El feminismo hace un llamado a la organización y solidaridad entre mujeres porque, luego de todos estos años, falta un enorme camino por recorrer.

    Alguna vez leí una nota que señalaba, parafraseo: que el feminismo no busca dejar sin alimento a los niños, no busca explotar sexualmente a los hombres, su objetivo no es golpear o violar a un joven, no forzará y nunca lo hará para que los hombres se queden confinados en las tareas de hogar, no les negará el uso de las calles. Al contrario, el feminismo se une a toda organización que luche contra la injusticia, sin importar si el agredido es hombre o mujer. Por último, más de uno dirá: “Yo sí he conocido a una mujer que pretende violentar a los hombres…” Entonces eso está lejos de ser feminismo. La palabra feminazi niega el movimiento protagonizado y basificado por mujeres, ataca y nos agrade a las mujeres que nos asumimos como feministas e incluso invisibiliza los logros obtenidos. La diferencia, el que contradice, el que propone lo distinto siempre será señalado.

1 En los Estados Unidos de América la Corte Suprema de Justicia dictaminó en 1973 que las mujeres tienen el derecho a la libre elección, es decir, a la interrupción voluntaria del embarazo y, con ello, las leyes de penalización hacia el aborto quedaron anuladas.

Sandra Martínez Hernández

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