Educar en la igualdad

Por Nancy Hernández Martínez

Había comenzado a escribir este artículo cuando un día después presencié una conversación que, sin duda, tendría que ser el inicio de lo que ahora lees. No porque sea algo extraordinario, por el contrario, por ser lo común, lamentablemente. Por común pasa inadvertido. Pues bien, iba en el transporte público – ¡qué mejor espacio para observar!- a mi lado iban tres hombres adolescentes de aproximadamente 13-14 años, estudiantes de secundaria, sus uniformes lo decían. Era inevitable escuchar su conversación, aquí un pequeño fragmento, pero con mucho contenido:

Adolescente 1: -… sí, la pendejita esa.

Adolescente 2: -¿cuál? ¿la del B?” (refiriéndose al grupo).

Adolescente 1: -No, esa es otra pendejita, esa está bien buena, yo sí me la daba, ¿tú no?

(Risas).

     A mi parecer este fragmento tiene mucho contenido, negativo, por supuesto, porque es el reflejo de la reproducción de una educación machista, de una forma particular de concebir a las mujeres, de esos adolescentes que en unos años serán adultos, pero que desde ahora ya manifiestan esa violencia. Como lo hemos señalado reiteradamente en los artículos escritos en este blog, la violencia contra mujeres y niñas se presenta de diversas maneras, estos adolescentes lo dejan claro: referirse a una mujer utilizando un insulto y que sea lo normal para ellos. Y qué decir del “yo sí me la daba”, como si su compañera se tratara de un objeto que puede ser tomado.

     Algunas personas dirán: “¡Ay, pero si así son los adolescentes ahora! ¡Es sólo un juego!” tratando de minimizar el fondo de esas concepciones. Ese es nuestro problema, creer que es un juego de una etapa de la vida y que luego pasará. Cuando en realidad lo más probable es que se vaya acentuando. ¿Qué tipo de relaciones construyen estos adolescentes con sus compañeras de escuela? ¿Cómo es el trato cotidiano? No lo sé, pero imagino muchas posibilidades. ¿Qué se hace en las escuelas respecto a esto? ¿Llamados de atención únicamente? ¿Acaso no se les tendría que proporcionar a las y los profesores herramientas para educar en estos temas?

     Atender la violencia contra las mujeres implica trabajar en muchas áreas y desde diferentes ámbitos. Enfocarse en la niñez –niñas y niños- es una de las grandes oportunidades, pero uno de los mayores pendientes. Es fundamental comenzar a educar en la igualdad, para comenzar a construir relaciones igualitarias entre los géneros, reconociendo nuestras diferencias y el respeto de nuestros derechos, el respeto como personas. Comenzar a cambiar formas de pensar y por consiguiente de actuar. Si esto no se hace, pocas transformaciones podemos esperar en el futuro.

     No pretendo reducir esto a un tema de educación –o sólo un tipo de educación- pues es mucho más complejo que eso. Pero sí quiero resaltar la importancia de ésta, ya sea desde la escuela o en las familias; situación difícil porque ambos espacios no están exentos de esas prácticas discriminatorias y de desigualdad, pero por algún lado se tiene que empezar.

     Estoy convencida que las escuelas tendrían que jugar un papel primordial para educar en la igualdad. Ojalá la política educativa de nuestro país fuera más allá de decir “se ha incrementado la matriculación escolar de niñas”, lo cual es muy importante, pero no sólo se trata de números, sino de calidad y aprovechar espacios para generar cambios. Ir más allá de la creación de una materia nueva, porque pareciera que esa siempre termina siendo la “solución”. Porque ¿de qué serviría una materia si el entorno es lo contrario?

     Porque además, ahora no sólo es enfrentarse al tema de la violencia y discriminación hacia las niñas y mujeres, sino también hacia la que es ejercida contra hombres y mujeres con preferencias sexuales distintas. No en vano una de las varias recomendaciones realizadas este año por el Comité de Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al Estado Mexicano, es sobre la necesidad de que establezca medidas para la no discriminación de la niñez por sus preferencias sexuales. Lo que incluye diversos ámbitos, pero el escolar es uno de ellos.

     Hace poco vi un documental y en una escena un profesor de primaria le pregunta a sus estudiantes de más o menos nueve años si golpear a una mujer estaba bien, a lo que todos respondieron que no. Entonces le pregunta a una niña por qué ella cree que eso no está bien. La niña responde: “Porque somos más débiles”. El profesor le hace la misma pregunta a un niño, el cual responde: “Porque las mujeres tienen derechos”. La escena se corta ahí.

     Quiero pensar que el profesor les dio información y les explicó de una manera comprensible. También quiero pensar que ese niño es consciente de lo que dijo y construirá otro tipo de relaciones con las mujeres; y que esa niña la próxima vez pueda responder distinto y no se conciba como una persona débil, sino como una niña con derechos, capaz de exigirlos, ejercerlos y denunciar cuando alguien los esté violentando.

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