Salvando vidas. Los príncipes nubios, Juan Bonilla, Seix Barral, 2003

El 19 de abril de 2015, después de conocerse el naufragio de un buque frente a las costas de Libia —el hundimiento dejó más de 700 fallecidos—, el diario El País reportó que el aeropuerto de Lampedusa, Italia (el más cercano al lugar del siniestro), se convirtió en una gran morgue con cientos de ataúdes, “muchos de ellos blancos”, reguardados en el hangar del aeródromo. La tragedia no era la primera que se suscitaba en la región. El 3 de octubre de 2013 un barco se incendió con cientos de inmigrantes a bordo, cobrándose 328 víctimas mortales. Se calcula que al menos este año 3500 personas han perdido la vida tratando de llegar a Europa. Datos del referido diario indican, además, que cada año medio millón de personas intentan entrar ilegalmente en Europa y unos 400.000 piden asilo.

      La inmigración hacia Europa desde África es un fenómeno acrecentado debido a los añejos problemas del continente africano: hambre, conflictos bélicos y civiles, persecución política, entre otros. Cientos de miles de inmigrantes son repatriados a sus países de origen y la gran mayoría intenta repetir la misma hazaña. Miles son rescatados: rescatados no solamente de la muerte, sino también, de la miseria que los aqueja.

      Los príncipes nubios —ganadora del Premio Biblioteca Breve 2003 —, de Juan Bonilla, propone su propia visión de esta crisis. El protagonista de la novela, Moisés Froissard, según nos cuenta él mismo, se dedica a salvar vidas. Durante un viaje de misión humanitaria por Bolivia, Froissard ingresa a trabajar en una compleja red de tráfico sexual, “El Club Olimpo”, que tiene sucursales en todo el orbe y provee servicios sexuales a las personas más influyentes y ricas. Al rescatar de la podredumbre y miseria a los “ejemplares más bellos”, los convierte en máquinas sexuales.
Entre trajines y nuevos ejemplares, Froissard se convierte en uno de los mejores cazadores de la agencia. La tarea que la Doctora —la jefa de la compañía— le encomienda a Moisés y Luzmila consiste en localizar a dos nubios —grupos étnicos de las montañas de Sudán—, Irene y Boo.

      La novela de Bonilla se aleja del tono dramático. Con una prosa llana y temeraria como principal recurso, inyecta una alta dosis de tragicomedia. Los príncipes nubios no es sólo una obra sobre la inmigración. Es una exploración de la ambigüedad moral, donde las fronteras de lo bueno y lo aceptable se difuminan. Según se vea, Bonilla explota un tema dotado de morbo y fascinación ascética como lo es la prostitución, o explora la hipócrita moral nacionalista, debatida entre la lamentación, la xenofobia y la incapacidad para lidiar con un fenómeno que rebasa a los gobiernos; también, arroja una luz sutil sobre el colonialismo y la administración del pasado y la memoria, rencillas y fuegos aún perennes en el ideal occidental. Si la historia narrada por Bonilla tiene un gancho universal, no es porque al final creamos que nuestra empatía siempre estuvo del lado correcto (en este caso, con las víctimas), sino porque la historia nos ha empapado de un cinismo del que somos cómplices.

      Según informes de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC), aproximadamente 350 mil mujeres ejercen la prostitución en España. De éstas, el 80% son extranjeras en situación de migración irregular. Algunas de ellas, son trasladadas desde recónditos y sufridos lugares del planeta, otras más son forzadas o esclavizadas y algunas otras interceptadas cuando intentan pisar suelo europeo. Quién sabe, quizás algún Moisés Froissard esté salvando a alguien allí afuera.