Alice Munro: No es un lío de faldas

Nita, una mujer recientemente viuda, enferma de cáncer y bebedora obstinada, abre las puertas de su hogar a un hombre que pretende realizar un arreglo en la instalación eléctrica. El hombre, en realidad, es un peligroso asesino. Revelado el perfil del falso electricista, la preocupación del lector se centra en el peligro que corre Nita. Sin embargo, avanzada la trama, ella misma revela que envenenó a la amante de su finado esposo. A sabiendas de las tropelías cometidas por ambos, para el final del cuento será complicado —quizás imposible— establecer la frontera entre quién será la víctima y quién el victimario. La cándida y ebria mujer, que en un principio nos parecía una víctima de las circunstancias, se ha revelado como un ser sombrío.

La mayor parte de los relatos de la canadiense Alice Munro, Premio Nobel de Literatura 2013 —“maestra del relato corto contemporáneo” según la Academia Sueca—, guardan similitudes a Radicales libres, de cuyo argumento proviene la historia anteriormente descrita. Las historias de Munro, además de la descripción y ubicación temporal en su provincia natal en Canadá, están pobladas por mujeres ebrias, locas o refugiadas (temporal o para siempre) en la soledad. Torbellinos emocionales o situaciones fatales provocan que los protagonistas terminen mostrando su carácter o configurando su actuar.

Cuando en 2007 la británica Doris Lessing obtuvo el Premio Nobel de Literatura la Academia Sueca adujo en el acta que la concesión del premio se debió a la maestría de Lessing para ser la “narradora épica de la experiencia femenina”. Posteriormente, durante una entrevista, Lessing expresó molestia por la inclusión de las palabras “experiencia femenina”. La reducían. “Si hubiese sido un hombre no agregarían que retrata la experiencia masculina, ¿verdad?”, declaró. Munro escribe sobre experiencias femeninas, más no feministas. Al alejarse del panfleto, Munro ilumina con mayor claridad las vidas de hombres y mujeres en situaciones cotidianas.

En alguna correspondencia sostenida por Chéjov con un amigo, el cuentista ruso declaró que es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o una cocinera. Amas de casa, viudas, hermanas, o trabajadoras son las protagonistas de la historias de Munro. No son precisamente sofisticadas ni tienen una gran formación académica o intelectual; educación que permitiría, por la erudición misma de la que se pintarían los diálogos, llenar las conversaciones con temas que por sí mismos son complejos. Sin embargo, Munro toma distancia de sus personajes y los representa de una manera compleja, ya sea mediante la introspección psicológica, con una prosa rica en detalles o una adjetivación destellante. Esa manera de representar a los personajes los vuelve complejos y pone en pie un imaginario sentimental distante de la cursilería.

Durante una entrevista concedida a la Academia Sueca (en sustitución del tradicional discurso del laureado Nobel en Estocolmo) se le preguntó a Alice Munro qué impacto creía que podrían tener sus historias en los lectores, de manera especial en las mujeres. Munro respondió que deseaba que sus historias emocionaran a las personas, sin importar si eran mujeres, hombres o niños. Al final, declara su pretensión de provocar que «la historia mueva al lector de tal manera que sientas que eres diferente cuando termines de leerla». A fin de cuentas la literatura, escribió Alfonso Reyes, se dirige al hombre en general, “al hombre en su carácter humano”.

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