Mudarnos

Mudanza es un árbol, en él cada ensayo funciona a la manera de una ramificación cuyas hojas nos revelan microcosmos. Verónica Gerber escribió un libro que está a medio camino entre la autoficción y el apunte. La narración hilvana de manera refinada la indagación de múltiples imposibles, de las actividades que pretender dar cuenta de otra literatura o del fin de esta.

     La particularidad de Mudanza reside en el hilo que ata a cada uno de sus ensayos: la (im)posibilidad de ir más allá de lo escrito, de pasar de la página a la acción, de hacer de la vida un acontecimiento literario. Gerber nos narra, de forma breve, casi como un suspiro distintos caminos transitados por escritores en su búsqueda de la página en blanco, que para ella “no es otra cosa que una guerra contra el imperio del lenguaje”. Su libro es entonces una consigna de todos los intentos de romper con la palabra, de hacer del concepto algo más que una frágil red de artilugios, de lograr que éste se vuelva total.

     El libro se sintetiza en una breve frase “Escribir es habitar un paralelo, leer es merodearlo”. Gerber merodea ahí en donde encuentra los intentos (¿fallidos?) de escapar a la literatura. Como el del poeta Vito Acconci que intentó expandir el campo de lo escrito, dejar el papel o, mejor aún, hacer del cuerpo una hoja y de nuestros pasos y acciones la pluma: morderse los brazos, piernas, entintarlos y usarlos para marcar una hoja en blanco.
(Well, if I’m writing, it doesn’t neccesarily have to be on the page).

     Otra metáfora de las posibilidades del arte total, del objeto hermético, son los libros de Ulises Carrión. El nuevo escritor no escribe textos, hace libros. Para él, los libros son obras en sí mismas. Carrión y su campo de significados cerrado en donde se escribe sólo en la medida en que se puede decir más con menos, de ahí su renuencia a volver a escribir, al menos de la manera convencional: “El libro más bello y perfecto del mundo es un libro en blanco, de la misma manera que el lenguaje más completo es el que se encuentra más allá de todas las palabras que el hombre pueda pronunciar”.

     La autora también nos regala el esbozo de las relaciones que trazamos con la lectura. De la conexión entre la experiencia paralela que se nos inventa cuando leemos y nuestra propia vida. Así, una carta de la fotógrafa y artista Sophie Calle a Paul Auster hace responsable a este de la vida de Calle. “Podía escribir la historia que quisiese. Na-rrar la que sería todas. Pero era demasiado. Pesaba en Él una responsabilidad de la que no podía hacerse cargo”. Pero las posibilidades son infinitas, y así como Auster niega el destino a un lector, un autor se niega el destino a sí mismo como escritor. Marcel Broodthaers cancela de golpe 50 libros de poesía, los hace estatua ¿Cuál es el truco? la imposibilidad de lo simultáneo: para ser poeta habrá que romper la estatua, para ser escultor habrá que prescindir de la poesía.

     Los ensayos de Mudanza recorren un trayecto amplío, y no vacilan en ir de la narración simple a la reflexión. En última instancia el libro nos relata algunos de los caminos transitados. La metáfora, la relación entre el texto y su contenedor, la transfiguración del lector, las formas del lenguaje (ese pacto secreto que asumimos muy pronto) y de la escucha. En fin, la mudanza, la migración a otras formas de concebir lo escritura que no siempre se concretan. Gerber sin quererlo suspira y nos revela que “la única y verdadera fatalidad es la literatura, porque no existe en tiempo real, no sucede”.

Verónica Gerber Bicecci, Mudanza, México, Almadía, 2017, 115 pp.

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