Anotaciones sobre el destino: Teoría del Viaje

En 1955 Claude Lévi-Strauss sorprendió al mundo con la primera frase de su libro Tristes Trópicos: “Odio los viajes y los exploradores”. Hastiado del viaje, el antropólogo vertió sus reflexiones etnográficas de poco más de 4 años en Brasil. El extrañamiento, lo desconocido, la semilla del estructuralismo estaban en su ir y venir por tierras ignotas. El libro supuso el punto final del viaje emprendido veinte años antes, el fin de la aventura. En un camino opuesto nos sitúa su coterráneo Michel Onfray.

     En Teoría del viaje encontramos, más que una teoría, una poética como reza el subtítulo del libro. La prosa del autor, límpida y ágil, nos embarca en un trayecto iniciático. El ensayo funciona, a un tiempo, como manifiesto y proyecto: el rechazo a las convenciones que hacen del viaje mero turismo y la realización de una experiencia estética. “El arte del viaje induce a una ética lúdica, una declaración de guerra a cuadricular y cronometrar la existencia”.

     Onfray nos remonta al inicio mismo de la cuestión, ¿por qué el viaje? La certeza proviene del cuerpo, de sus impulsos y cadencias, de una tendencia natural y única de cada uno a reencontrarse con su elemento. Así, algunos buscan el calor del trópico, otros la frialdad ártica. El aliento para el viaje proviene de uno mismo, al igual que el lugar. Escogemos con los ojos cerrados, escuchando nuestro interior: una ciudad, una montaña, un paisaje esbozado en sueños, en reminiscencias. Preparar el viaje consiste también en impregnarnos de la esencia, de despertar una pulsión corporal. Para ello Onfray rechaza el dominio impersonal de la imagen en todas sus formas, prefiere el texto.

Continuar leyendo

Mudarnos

Mudanza es un árbol, en él cada ensayo funciona a la manera de una ramificación cuyas hojas nos revelan microcosmos. Verónica Gerber escribió un libro que está a medio camino entre la autoficción y el apunte. La narración hilvana de manera refinada la indagación de múltiples imposibles, de las actividades que pretender dar cuenta de otra literatura o del fin de esta.

     La particularidad de Mudanza reside en el hilo que ata a cada uno de sus ensayos: la (im)posibilidad de ir más allá de lo escrito, de pasar de la página a la acción, de hacer de la vida un acontecimiento literario. Gerber nos narra, de forma breve, casi como un suspiro distintos caminos transitados por escritores en su búsqueda de la página en blanco, que para ella “no es otra cosa que una guerra contra el imperio del lenguaje”. Su libro es entonces una consigna de todos los intentos de romper con la palabra, de hacer del concepto algo más que una frágil red de artilugios, de lograr que éste se vuelva total.

Continuar leyendo