The Horror / 1

Nota: el motivo a desarrollar en las próximas páginas está dividido en tres entradas del blog, las cuales se titulan The Horror 1, 2 y 3 —respectivamente—, debido a su extensión y complejidad temática.

En un artículo escrito para el diario Combat en 1945[1], Albert Camus hablaba de la conciencia pesimista como manifestación del gran problema que sacudía dolorosamente la época; “un problema de civilización (que) se trata para nosotros de saber si el hombre, sin auxilio de lo eterno o del pensamiento racionalista, puede crear por sí solo sus propios valores.”

     Desde su perspectiva, rechazar o acusar de insensato el sentido desesperanzador que recorrió Europa como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial no era más que tratar de ignorar los hechos.

     Algunos años después, el filósofo político Leo Strauss se ocuparía del problema de la decadencia de Occidente. En su introducción a La ciudad y el hombre, reconocía que “la crisis de Occidente consiste en que su objetivo se volvió incierto”. Tras las atrocidades que tuvieron lugar bajo el auspicio de las guerras de expansión, la esperanza en el futuro se perdió para muchos.

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Presentación (o la necesidad de reconocernos)

En La poética, Aristóteles define a la anagnórisis como un recurso narrativo que consiste en el descubrimiento, por parte de un personaje, de datos esenciales sobre su identidad, sus seres queridos o su entorno, ocultos para él hasta ese momento.

     En sus propias palabras, “el reconocimiento es, como la misma palabra lo indica, un cambio de la ignorancia al conocimiento, y así lleva al amor o al odio en los personajes signados por la buena o la mala fortuna.”[1] El conocimiento de la verdad, pues, lleva a quien está implicado a la felicidad o a la desgracia. En la tragedia clásica, la revelación de esta verdad cambia la perspectiva y reacción del héroe.

     Es así como Anagnórisis, el blog que propongo para Ágora, responde a la provocación del término aristotélico, y plantea un espacio de reflexión cotidiana sobre los temas de actualidad, de gobierno, artísticos, filosóficos y relativos a la vida moderna que definen a la condición del hombre en los primeros años del siglo veintiuno. En los límites de la modernidad post-industrial, abandonado el hombre a sus designios individuales, separado de los valores universales que tiempo atrás pretendieron dar fondo y forma al pensamiento, es necesario voltear la mirada sobre nosotros mismos, para redescubrir la identidad del hombre y el mexicano.

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