Diecinueves/Nueves

Hoy la vida
volvió a su curso,
sin ti, hermano,
sin ti, hermana:
las calles se llenaron
de gente
-ya sin cascos,
ya sin palas-
y los autos
circularon de nuevo
por los caminos de urgencia
de las ambulancias;
los parques
ven quietos
el correr de los niños,
el correr de los perros,
y parece
que del polvo
se desprende la calma.
Y aunque ahora
la vida siga,
          te digo hermano,
          y te digo hermana,
porque sin importar
la gente trajeada,
y los autos veloces,
y los parques con calma,
nuestra vida permanece
también contigo enterrada;
contigo quedaron
los cuentos atroces
de gente olvidada,
las risas de una vida,
la paz de nuestras almas.
Y aunque ahora
las risas
ya no serán las mismas,
y la paz habitará
sólo en las camas,
y el descanso será
solamente una esperanza,
en cada hueco que quede
-entre las calles,
entre las casas-
me negaré a olvidarte,
hermano, hermana;
y si ahora,
me miro y pienso
que la gente olvida
como va el agua,
yo prometo
que ni tus risas,
ni tus sueños,
ni tu paz, ni tus miedos,
ni tu infinita estancia,
se legarán al suelo
fuera de las miradas;
porque en nosotros vives,
en los hombres
que han cambiado por trajes
los cascos y las palas,
en las mujeres
que hacen de su tiempo
la memoria de tu entrada,
y al vivir tú conmigo,
-con él, con ella-
nada apagará tu flama,
que ilumina hoy
un corazón herido,
de amor agotado,
pero esperando el
          mañana.

Josué Emiliano Palau.