Duelo sin Mesnada

Luis Enrique Escobar Nieto de Pascual
Estudiante de Administración Pública con vocación en la vida política y gran gusto por la historia y las letras.

Al amasijo desesperante

Actualmente podemos ver en México una situación política cuya explicación (o siquiera acercamiento significativo) requiere elementos conceptuales de tipo histórico y sociológico.

La persistencia de comportamientos y prácticas políticas propias del antiguo régimen semi-autoritario en un entorno jurídica y discursivamente democrático es algo que permite cuestionar severamente la noción misma de transición más allá de los canales institucionales. Suponer que vivimos en una democracia sin adjetivos o totalmente normalizada es reducir la carga valorativa de la palabra; creer que alcanzamos un estado de cosas democrático desde la formación del IFE o su “ciudadanización” es tan empobrecedor como atribuírselo a la alternancia partidista en la Presidencia de la República.

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Un abismo a la izquierda

“La izquierda no tiene ni puta idea

del mundo en el que vive”

José Saramago

Hacer un mínimo y superficial recuento de la izquierda en México exige reconocer sin ambages su contribución histórica durante el siglo XX. Sería incluso necesario recordar la presencia de distintos socialistas en el último tercio del s. XIX, sean extranjeros como los utopistas de Topolobampo o connacionales como José María González, que prefiguran a las sociedades laborales y obreras del porfiriato y aún al posterior movimiento revolucionario que fue el magonismo.

Actualmente, hay que admitir que la gente “de izquierda” tiene una participación trascendente en espacios múltiples de la vida pública, ya sea como actores principales de los procesos o colaborando en posiciones secundarias. Si hago el reconocimiento explícito es por proponerme ser crítico en ciertos aspectos, no destructivo o cargado de desdén; si bien me queda claro que la advertencia no evitará el cargo aterrador de reaccionario (¡todo menos eso!).

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Constatia Placet

A la Isegoría y el viento

Pese haberse evitado la unión PAN-PRD, el chismerío reconoce como probable una declinación del primer partido al buen y chilango candidato de la izquierda, con tal de ganar la gubernatura de aquel risueño lugar donde se es mexicano por partida doble (en deuda con G. Sheridan). Este gran juego en verdad puede cambiar el escenario futurista del 2012. Recordemos los argumentos en su debido momento expuestos.
Validar la política aliancista del PAN con la izquierda es francamente Orwelliano: los enemigos odiados y jurados de ayer son los aliados de hoy; Eurasia, Estasia y Oceanía en medio de México.

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