¿De qué va? No va de nada. Sólo va.

Esta tarde me topé con una celebración al vértigo. Ya había caído en ella tiempo atrás, pero se cruzó nuevamente por la puerta. La Celebración del vértigo de Leticia Herrera se antoja atinada en algunas líneas––por supuesto que no son los aforismos pessoanos, pero cumple la tarea ilustrativa en algunas frases.  Al vértigo que le acontece en etapas, idas y venidas desde la juventud al poder, lo sazonan las pizcas introductorias de Émile Cioran. Resulta un texto amable, simpático, agradable y sencillo. No hay más allá en mi percepción.

Lo relevante de esta celebración vertiginosa tiene más que ver con el pecado que lleva en la penitencia; vaya tino para nombrar: celebrar un vértigo. Parece interesante y, quizás, hasta esperanzador suponer que uno puede disfrutar, e incluso agradecer, el vértigo de la vida misma.

No lo sé. Me pongo a pensar que, tal vez, las más de las veces la vida no es una celebración del vértigo, sino una búsqueda constante por sentir esa emoción. Al final, estar en un periodo constante que no inspire el miedo a avanzar puede ser tedioso y angustiante en una manera cansada. Estar se vuelve ser. Dice Sándor Márai que uno se pasa la vida preparándose para algo y después espera…

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Mordacidad Prosaica

Fernanda Ordaz
Perdida no es lo mismo que pérdida.  Bailo sin música y canto sin voz.
Soy la enviada de Zeus para castigar a Fineo; la historia juzgada  por la forma, porque no entendieron  el contenido; el texto con errores de puntuación que torcieron  el sentido; el libro que pasó de moda y nunca se volvió un clásico; el refugio  de los solitarios. A mí me leen, porque no tienen quien les hable. Me quieren tener y no saben por qué.
No hay nada más peligroso para una creencia, que el pensamiento. Ya te pensé, ya no te creo. Más vale arpía conocida que mosca muerta por conocer.

Eternidades momentáneas que se quedan en papel

Atento y desconocido lector: anticipo mis disculpas porque las formas nunca se me han dado. Tengo problemas sistemáticos para hacerme entender que van  desde comas,  hasta modos (y aquí, un ejemplo. No sé si la coma estuvo bien puesta). Me parece necesario advertirle de los peligros que nacen aquí: la pluma torpe de muchos días y muchas noches que no encuentran lugar, y las crónicas escondidas de algunas ideas que buscan un orden. La intención de mis textos no se encuentra ni en la belleza ni en la creación, de manera que sólo escribo de las impresiones cotidianas  y del insomnio que ocasionan. Entre líneas encontrará las frustraciones y la amargura de un anonimato que ya no es tan anónimo y , de vez en cuando, muy de vez en vez, una chispita fugaz que puede llegar a parecer simpatía.  Insisto en deshacerme de la formalidad porque no puedo con ella, aunque ella sí pueda a veces conmigo.  Me resta pedirle paciencia y un poco de imaginación para atinar al camino cuando me equivoco en los puntos, las comas y demás… y esperar que el pavor a la palabra no se me exija, que la soberbia no haya sido extrema , que el sentido dure bastante y que el momento incómodo no se extienda de más.

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