De naciones y emperadores en África Oriental

Las imágenes que los pueblos occidentales evocan acerca del África subsahariana se han convertido en lugares comunes, situaciones recurrentes y vejaciones milenarias: desde la guerra civil en las planicies costeras de Somalia en los últimos años, hasta los horrores del Estado Libre del Congo, propiedad privada de Leopoldo de Bélgica, quien financió la construcción de la peor forma de esclavitud que haya conocido el ser humano. Los reinos árabes de Zanzíbar, varias dinastías egipcias y el imperio almohade también construyeron parte de sus riquezas con la captura y comercio de centenares de miles de esclavos africanos. De esta manera, según la creencia general y la evidencia empírica, los pueblos subsaharianos han sido meros espectadores de las rapiñas que han despojado su tierra, separado sus comunidades y deshumanizado su pasado. Ello ha llevado a la creencia de que en África no hay historia que contar, en virtud de la dependencia política y la ausencia de medios escritos para transmitir sus leyendas, mitos o cosmogonía.

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El lago encantado del Anáhuac

De la catástrofe más grande en la historia natural mexicana

En el panorama de la ciudad de México dominan el negro del asfalto, el cemento de los puentes y distribuidores viales y el tono indefinible del cielo. Parece que no puede haber lugar más inhóspito para albergar vida no humana; roedores, aves carroñeras y perros callejeros, junto con especies de flora foránea, completan el ecosistema urbano. Sin embargo, el altiplano central mexicano fue el sitio de uno de los sistemas ecológicos más extraordinarios en la historia natural de la Tierra. La cuenca de México, ahora prácticamente desaparecida, se caracterizó no sólo por la genialidad de las formas geológicas o la riqueza infinita de animales y plantas; en aquellos lagos se desarrollo una fusión insólita entre el desarrollo de la civilización y un equilibrio ambiental, que además era la condición esencial para el progreso humano.

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Del origen de la maquinaria asesina

El campo de concentración al servicio de Su Majestad británica

Una de las manifestaciones más claras del potencial devastador, asesino y oscuro de la especie “humana” fue la construcción de campos de concentración en Europa por parte del régimen dirigido por el Partido Nacionalsocialista alemán. Mediante el uso de tecnología vanguardista, Auschwitz, Dachau y Buchenwald se convirtieron en centros de asesinatos a escala industrial.

Aunque corresponde, sin duda, a Adolf Hitler y al Tercer Reich el perfeccionamiento a escala superlativa del campo de concentración, su origen se encuentra a miles de kilómetros de Europa central y a casi medio siglo de la segunda guerra mundial.

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Del brillo de la victoria de la izquierda en medio de la tormenta fascista

La década de los treinta se oscureció de una histeria colectiva en la gran mayoría de los Estados europeos: las masas alemanas e italianas adoraban a líderes que prometían la victoria y la bonanza, Stalin intentaba hacer realidad la promesa del socialismo en un solo país y las reyertas entre el Frente Popular republicano y el bando nacional prefiguraban los horrores del “Guernica” en España.Las batallas ideológicas alcanzaban niveles épicos en una guerra por demás confusa, en que los liberales demócratas parecían desfallecer día a día frente a las quimeras totalitarias. El 3 de mayo de hace 74 años, en medio de aquella atmósfera casi apocalíptica, ocurrió uno de los acontecimientos más brillantes y memorables en la historia de la izquierda política y las luchas sociales en Europa: el Frente Popular, encabezado por el socialista Léon Blum, ganaba las elecciones parlamentarias en Francia. En un hecho insólito, lucha de clases, defensa de la patria y pacifismo produjeron una de las manifestaciones populares más genuinas en el siglo XX europeo.

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La noche de los trescientos años

La historia de nuestro país se ha caracterizado por las discontinuidades profundas y por la negación de esas enormes brechas. Parafraseando a Octavio Paz (en “Las trampas de la fe”), los mexicanos estamos obsesionados con nuestro pasado, aunque no queremos tener idea de lo que ha sido. “Vivimos entre el mito y la negación; deificamos ciertos periodos, olvidamos otros. Esos olvidos son significativos; hay una censura histórica como hay una censura psíquica. Nuestra historia es un texto lleno de pasajes escritos con tinta negra y otros con tinta invisible […] Uno de los periodos que han sido tachados, borroneados y enmendados con más furia ha sido el de la Nueva España…que aparece como deformada y disminuida. Naturalmente, esta deformación no es sino la proyección de nuestras deformaciones”.

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