Elecciones del PRD. La izquierda en caída libre

Ernesto Carmona Gómez[1]

 

Las elecciones internas del PRD de 2014 confirman lo que ya se venía señalando desde hace tiempo: la izquierda se encuentra en plena caída libre. La descomposición de esa parte de la geometría política está caracterizada por la división, la incapacidad de auto organizarse y la tendencia, al parecer irreversible, a dejarse mover por la inercia que producen las costumbres político electorales heredadas del PRI.

Continuar leyendo

LA IZQUIERDA MEXICANA ANTE AMÉRICA DEL NORTE. Parte II

Ernesto Carmona Gómez

Pareciera que ser de izquierda en México tiene como requisito ser anti-yankee, es decir odiar a Estados Unidos y todas sus posibles influencias en México. Así mismo, para ser de izquierda hay que mirar con mucho amor a América Latina e idealizar hasta el delirio el día en que todos los latinoamericanos nos tomemos de las manos, y bailemos la canción “Latinoamérica” de Calle 13, sobrevuelen nuestras cabezas un águila y un cóndor, mientras los políticos de la región llevan adelante una apertura comercial que nos hace ricos a todos y tan fuertes como para cerrarle la puerta en las narices a Europa, China y Estados Unidos juntos o por separado. En realidad, conozco mucha gente de izquierda que se interesa por crear contactos con estadounidenses, que entienden que en ese país no todo es empresa, consumo con papas y refresco extra mega súper jumbo, y que consideran que hace falta un marco de referencia de la izquierda ante el proceso de integración norteamericano. 

Continuar leyendo

LA IZQUIERDA MEXICANA ANTE AMÉRICA DEL NORTE. Parte I

A propósito de los 20 años del TLCAN

Ernesto Carmona Gómez

Han pasado ya veinte años desde que México se sumó al área de libre comercio que Estados Unidos y Canadá habían iniciado en 1988. Fue un proceso lleno de polémica por las fuertes contradicciones económicas, sociales y de desarrollo. Desde un inicio, la izquierda ha mantenido una postura crítica del proceso de integración económica norteamericana. Con el paso del tiempo ha resultado evidente, inclusive para los más férreos detractores, lo indisoluble de la interdependencia de México con Estados Unidos. Por lo tanto, todo actor político que aspire con seriedad a tomar el poder en México debe poder responder a las preguntas ¿Tiene una estrategia de izquierda para relacionarse con América del Norte? ¿Qué tipo de agenda se desea impulsar para la región y con que aliados? La izquierda no escapa a esos cuestionamientos. Ahora que se cumplen 20 años del nacimiento de ese proyecto de integración, resulta pertinente saber que tipo de región podría construirse desde la izquierda.

Continuar leyendo

¿Cuántos partidos necesita la izquierda?

En las elecciones legislativas de 2015 contenderán cuatro partidos nacionales que se definen como de izquierda o centro-izquierda. Por supuesto, no es la primera vez que esta diversidad ocurre en México. En 1985[1], por ejemplo, contendieron también cuatro partidos de izquierda, sin contar a los llamados “partidos satélites” a la izquierda el PRI: el Partido Popular Socialista (PPS) y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). Desde finales de la década de 1980 del siglo pasado, las opciones partidistas de la izquierda mexicana se fueron reduciendo y consolidando hasta llegar a un mínimo de dos en las elecciones de 1997: el Partido de la Revolución Democrática (PRD)[2] y el Partido del Trabajo (PT). Desde entonces, la tendencia es a la inversa; además del PRD y el PT, la oferta de partidos de izquierda ha aumentado desde 2000 con la aparición de las agrupaciones dirigidas por Dante Delgado (Convergencia por la Democracia, luego Movimiento Ciudadano [MC]) y, especialmente, la inminente formalización del registro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), de Andrés Manuel López Obrador.

Continuar leyendo

¿La unidad siempre llega tarde? La izquierda y la consulta por la reforma energética

En estos días en que en México se ha declarado una reforma que cambia por completo uno de los pilares que daban viabilidad al proyecto que se consolido con la Constitución de 1910, me acordé de la escena de la película Cinema Paraíso en la que el proyectista, Alfredo, sentado en la cabina de proyección del cine, ciego a causa de un incendio previo provocado por la flamabilidad de los films escucha como a Totó le muestran las nuevas cintas antiinflamables. Alfredo, maltrecho por su ceguera y las cicatrices del incendio dice, entre resignado y melancólico “la tecnología siempre llega tarde”.

Este caso me hace pensar en la actitud de la izquierda frente a la reforma energética. En dicha coyuntura parece que la izquierda partidista no estuvo a la altura, ni hizo todo lo posible para frenar esa reforma. Enfrascados en su lucha interna, dejaron que el asunto se incendiara como la cabina del Cinema Paraíso, y hoy hacen llamados a la unidad, anuncian que ahora si trabajarán en conjunto para echar abajo la reforma, presentan una iniciativa de consulta, como le presentan a Totó las películas antiinflamables. Quienes los apoyan, melancólicos y maltrechos parecen decir “la unidad siempre llega tarde” y extrañan la fuerza de movilización mostrada en las elecciones de 2012, como Alfredo extraña su vista.

Aunque este panorama parece desalentador, también representa una oportunidad de reflexión y reacomodo, al igual que a Totó le abre la puerta el accidente de Alfredo para volverse cineasta. Entre la sociedad se percibe una indignación por los modos autoritarios con que el PRI ha ejecutado la aprobación de la reforma energética. La ausencia de debate en los congresos locales, la aprobación fas track y eliminación de algunas demandas de la izquierda que originalmente estaban en la propuesta.

Entre los actores de izquierda que se declaran en shock podemos señalar los siguientes: la izquierda partidista, representada por el PRD y MORENA principalmente. Los movimientos sociales son otro actor, en los que podríamos identificar colectivos estudiantiles, sindicatos, y ONG’s. Finalmente tenemos los movimientos guerrileros.

La izquierda partidista se había enfrascado por meses en una guerra de acusaciones en la que todos se llamaban de traidores, de esquizofrénicos, de radicales o de vendepatrias. Una vez que se ha consumado la reforma que parece haber dejado ciega a la izquierda llega el anuncio de trabajo unificado. Pero también la incredulidad de los que simpatizan con esa causa. Pues ya anteriormente Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador, dos de las figuras más importantes para la izquierda, habían anunciado que trabajarían juntos, para días más tarde matizar, juntos pero no revueltos. Pues aunque anunciaron la unidad en la causa, cada uno convocó a acciones por su cuenta y no se les ha vuelto a ver juntos.

Es claro que la reforma energética para la izquierda partidista se convirtió en un mecanismo para medir fuerzas entre las diferentes corrientes que se aglutinan en torno a este espectro político. Más que mirar a los ciudadanos o enfrentar realmente la reforma, la izquierda se concentró en una competencia por ver quien llenaba más veces el zócalo. Por eso cuando Carmen Aristegui, Lorenzo Meyer y Sergio Aguayo se preguntan ¿Dónde está la sociedad indignada por la reforma energética? Uno podría responderles: Cansada de llenar el zócalo, el monumento a la revolución o de hacer cercos al Senado para alimentar los padrones electorales de Morena o del PRD.

La otra parte de ciudadanos que se asumen de izquierda que no militan en ninguna organización partidista y que se declaran inconformes, lamentablemente están muy atomizados y su capacidad para articularse es casi nula. Desde el movimiento estudiantil #YoSoy132, la capacidad de movilización de esa mayoría indignada que se oponía abiertamente al regreso del PRI, fue duramente golpeada. Golpeada desde dentro y desde fuera. Por dentro por la propia incapacidad del activismo permanente de respetar los límites de una organización espontánea, y en cambio llenarle la agenda con todas sus demandas históricas al grado de desdibujar la identidad de una iniciativa como el #YoSoy132. Por fuera, por los opositores naturales a este tipo de movilizaciones.

Por su parte los principales movimientos armados tradicionalmente han afirmado que no van a nada con los partidos políticos, a los que consideran representantes del mismo sistema que combaten.

En este escenario toma un poco de fuerza la iniciativa de una consulta sobre la reforma energética. Ni duda cabe que la consulta hubiera sido una formidable medida de presión antes de la votación de la reforma, tal como lo demostró el EZLN en 1995. Bien organizada y con una amplía afluencia, la consulta puede poner en el centro de la opinión pública el tema energético y hacer presión sobre los legisladores. Ahora, a diferencia de las décadas de 1980 o 1990 hubo tiempo, hay recursos, hay estructura nacional, pero, también a diferencia de entonces, no hubo voluntad. La izquierda, partidista y la otra, en el mejor de los casos, parecen regodearse en la comodidad de sentir que con solo denunciar han hecho su labor y que si no hay posibilidad de unirse es porque los grupos de poder no los dejan.

Bajo este escenario una consulta a estas alturas enfrentaría mayores desafíos. En primer lugar, debería estar enfocada a dar marcha atrás a la reforma. También, a pesar de que las huestes de la izquierda parecen ser demasiado flexibles al momento de admitir que el que antes era traidor ahora puede ser aliado, la virulencia con que se han atacado las principales figuras enrarece la posibilidad de llevar a cabo un trabajo conjunto. De igual forma, la izquierda no partidista probablemente no desee trabajar al lado de miembros de partidos políticos. Finalmente la iniciativa de la consulta ha sido muy manoseada un ejemplo de esto es que Marcelo Ebard, Morena, y el PRD han declarado que están impulsando una consulta. Entre estos actores parece haber consenso en que un ejercicio de esta naturaleza es necesario ante un tema como el del petróleo, pero sus acciones nos dejan ver que sus intereses apuntan en dirección diferente que su discurso.

No todo parece perdido, la iniciativa de la “Consulta Ciudadana”, promovida por miembros de la comunidad artística, posiblemente genere un polo de entendimiento, ya que sus miembros han aparecido igual en mitines de Cuauhtémoc Cárdenas que de AMLO y su credibilidad es mayor que la de estos. Sí las agrupaciones de izquierda quieren hacer algo ante lo que consideran como el mayor despojo de los últimos años y no solo denunciar el “atraco”, podrían poner sus intereses particulares, prejuicios y rencores a un lado y hacer funcionar la consulta. Salir del shock del incendio que les acaba de estallar en la cara, y como Totó, mirar adelante, y sacar de esto una oportunidad para ejercitar la creatividad y salir ya de lo que Sergio Aguayo llamó “la depresión que nos dejó la transición”.