Sexta parada: Si de felicidad hablamos, mezcal bebamos

 

Andrea Maza Jarquín

Ustedes disculparán, ya sé que les prometí subiría entradas más seguido, pero Adelita anda metida en líos revolucionarios y no había podido abandonar el frente. Hace unos días recibí un telegrama de mis altos mandos, el coronel (o sea mi papá) ponía la siguiente frase: Para todo mal mezcal, para todo bien también; y si no hay remedio, pos litro y medio. Pura sabiduría popular oaxaqueña. En ese momento bendije a mis ancestros, pero más a la botella de mezcal “De la Vega” que había entre las provisiones. Corté una naranja, abrí una bolsita de sal de gusano (sí, gusano de maguey machacado mezclado con sal de chile) y procedí a degustar mi mezcalito.

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Quinta parada: La Noche de Rábanos

No, no es una historia de terror sobre rábanos vivientes o algo así. En Oaxaca, desde hace 116 años, el 23 de diciembre se lleva a cabo la Noche de Rábanos. Ya sé que les ha de sonar muy raro; hace unos días mi amiga Ali estaba de vacaciones con su familia aquí en Oaxaca, le escribí para decirle que podíamos ir a algo llamado la Noche de Rábanos, evidentemente no supo ni de qué le estaba hablando, pero me dijo que sí. Después de un rato me escribió diciendo que ya había visto los rábanos, pero que estaba muy sorprendida de que hubiera tanta gente en la exposición, ¡¡son rábanos!! me dijo. Esta tradición es parte de las fiestas navideñas en la capital del Estado, y consiste en la exposición de esculturas en rábanos. En mi opinión, eso es un claro ejemplo de las ganas del oaxaqueño por festejar, pues hasta los rábanos pasaron a ser parte de una fiesta oficial. Aunque si les gusta combinar terror con comida, Ali habla de una película llamada El ataque de los tomates asesinos, puede que sea lo que están buscando.

 

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Cuarta parada: Visitando a los muertos

Andrea Maza Jarquín

Estimados pasajeros, a nombre de La travesía de Adelita, la capitana les pide una disculpa por la tardía aparición de esta entrada, pero el equipo que hace posible este blog llegue a ustedes, estuvo todo el puente en Oaxaca. Esto imposibilitó que el trabajo que Adelita hace con tanto gusto para ustedes, estuviera listo a tiempo, esperamos que la entrada sea de su agrado y que no vuelva a suceder. Gracias por su preferencia.

Como ya se habrán percatado, su capitana es oaxaqueña, y si hay una festividad –aparte de la Guelaguetza- que no soy capaz de perderme en mi estado, es el Día de Muertos. Desde que era chiquita, acompañaba a mi abuela y a mis tías a hacer el mercado para este día.1 Los colores y aromas de las flores siempre me han dejado aturdida, así que el anaranjado amarillo del cempasúchil, el rojo rosa morado de la mano de león, y las pequeñas nubesitas blancas, logran captar todos mis sentidos. Empezando por eso, tengo cierta predilección por la festividad.

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Tercera parada: Festival Internacional Cervantino

Andrea Maza Jarquín

Por los viejos tiempos

¡Cervantino! Cervantino! ¡Cervantino! Coreaba la mitad de mi generación mientras el chofer arrancaba. El viaje más esperado de la prepa estaba por comenzar, serían aproximadamente doce horas de viaje, pero nadie se quejaba, estábamos seguros de que esos tres días en Guanajuato serían lo mejor del año. San José de Calasanz, ruega por nosotros, decíamos todos muy seriecitos mientras dejábamos atrás la prepa y a los papás empijamados. El Padre Eloy nos daba la bendición - sí, mi escuela era católica- mientras Pili, la profesora de literatura y comunicación, repetía por enésima ocasión las reglas del viaje.

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Recomendación gastronómica: Un platillo trigarante

Andrea Maza Jarquín

                                                                          Al papá de Regina y a Mariana y su mamá,

                                                               por los chiles en nogada de esta temporada.

 

-Mijito, ve sacando ya sabes qué, los demás no sean metiches y se me salen de la cocina, dice la señora María Luisa mientras nos hace salir en fila, -vayan a poner la mesa.

Ustedes se preguntarán qué tan metiches pudimos haber sido para que nos corrieran de una cocina, pero era momento de que la señora María Luisa le diera el toque secreto a su receta; así que sus nietos, nueras e invitados –osea yo- éramos un público indeseado entre sus cazuelas. Estoy en Puebla, y es una suerte que a la suegra de mi tía le dé por preparar chiles en nogada todos los domingos de agosto y septiembre.

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