Si se parece a la realidad, no es mera coincidencia

por Laura Stephany Rocha Sánchez

La realidad y la ficción son dos elementos complementarios en el sentido de que a veces uno inspira al otro. Por lo regular, el flujo va de la realidad a la ficción, pero hay casos en que ocurre lo contrario. Por ejemplo, no existiría el bovarismo sin la creación de Gustave Flaubert o el quijotismo, o llamar “Sancho” a los amantes sin el manco de Lepanto, de Cervantes. Sin embargo, esta vez para el blog he elegido como tema el desasosiego que representa envejecer para la humanidad y su caracterización en el arte, en particular en “La vejez del sátiro” de Efrén Rebolledo.

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Sobre Un día… poemas sintéticos de José Juan Tablada

por Laura Stephany Rocha Sánchez

Sé que el tema central de este blog son poetas del siglo veinte y veintiuno por lo cual no sé si sea del todo correcto incluir a José Juan Tablada ya que nació en 1871. Sin embargo, unos cuantos años no detendrán estas líneas y además me escudaré bajo la excusa de que la mayor parte de su obra literaria se desarrolló en el siglo pasado.

            Hombre multifacético fue Tablada pues además de diplomático, crítico de arte y periodista fue poeta. Nació en Coyoacán y desde los diecinueve años ya colaboraba en distintos periódicos y revistas de la época (no sé ustedes, pero a veces pienso que la gente de esos tiempos comenzaba su vida antes que nosotros, baste ver el ejemplo de Rimbaud que había escrito su obra a los diecinueve años o a Julio Torri quien decía que a los veinticinco años sólo se podían escribir libros perfectos) entre las cuales se contaba la prestigiosa revista Azul.

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Andante urbano: A pie de Luigi Amara

Laura Stephany Rocha Sánchez

 

Luigi Amara es un escritor joven, nacido en la Ciudad de México en 1971. Su primera publicación fue en 1994 realizada por la Universidad Autónoma Metropolitana bajo el título El decir y la mancha. A ésa le han seguido otras que lo colocan como un escritor prolífico y diverso, debido a que escribe tanto prosa como verso. Asimismo, ha incursionado en la literatura infantil con dos títulos: Las aventuras de Max y su ojo submarino (2007) y Los calcetines solitarios (2011). Estas obras dan una clara referencia al sentido lúdico que permeará al resto incluyendo A pie (2010), un poema largo cuyo meollo temático es la ciudad. Sin embargo, lo que llama la atención del poema son dos asuntos: el ritmo que establece el poeta, su papel como observador y su inscripción a la tradición.

Amara establece el ritmo de sus pasos, a veces lentos como cuando comienza el paseo en la Roma y otros más rápidos en el metro. El poema se mueve según la cadencia urbana. La ciudad que presenta se estructura en una concomitancia de imágenes e imaginaciones, dichos callejeros y citas cultas. Su construcción parece estar bajo los parámetros orgánicos, según la dirija el paseo: “No pensar en nada / sino en la continuidad / de los propios pasos. / El eco que dejamos / sobre la corteza terrestre.” La continuidad sólo está presente en movimiento puesto que en ocasiones, aparecen pausas en forma de digresiones.

En este libro se caracterizan tres elementos: la arquitectura, la gente y los libros. Daniel Saldaña París en Letras libres afirma que lo que destaca de A pie es la atención puesta en el detalle, la observación de las minucias urbanas que pasarían desapercibidas al vigilante menos entrenado. A veces el poeta funge de una suerte de dibujante que pinta con palabras el horizonte citadino, juega con las sombras al mismo tiempo que con la luz. La mirada y los sonidos hacen de esta obra, una lectura para sentirse.

La primera vez que leí algo con esta tónica fue La Habana para un infante difunto del cubano Guillermo Cabrera Infante, salvo el detalle de  Amara es poesía y el de Cabrera, una novela.  Más tarde, con otras lecturas, supe que la ciudad como objeto literario era parte de una tradición de largo abolengo, con inicios en el barroco. Pero fue  con los simbolistas franceses, especialmente con Baudelaire, en donde la figura del paseante que recorre la ciudad se convirtió en un motivo. Ambos, Cabrera Infante y Amara, tienen en común la manera de aprehender la vorágine impersonal de ciudades que parecen tan monstruosas. Ambos comienzan desde sí mismos porque no hay otra forma de hilvanar las palabras.

Con este poema, Amara se inscribe en una tradición pero desde un enfoque muy personal en lo que él considera “una revolución”  puesto que con la caminata el poeta redimensiona la presencia del hombre ante su obra, que parece más grande e inmensa que él mismo. Andar a pie como el hombre lo ha hecho siempre y no la velocidad que tanto celebraban los futuristas porque le parece que “Desde un vehículo en movimiento / la ciudad desaparece. Es sólo una pista de circulación / el trámite o grisura / entre una obligación y otra.” La caminata personaliza al habitante de la ciudad y le devuelve su condición de humano. Cada uno de los personajes que aparecen tiene rostro y voz. Así, la inmensidad ya no parece tan inmensa. De este modo, el paseo incidental como arribo de un fin aparentemente sin propósito es la excusa perfecta para que esta impersonalidad cobre vida.

A pie conjuga elementos contrarios: por un lado la naturaleza que se refleja en el cuerpo y el artificio de la creación humana, lo popular y lo culto, el yo frente a la pluralidad. Descubre al lector la trascendencia del espacio que habita, el gusto de perderse en la ciudad sólo por observarla. Al final, los múltiples caminos recorridos, son sólo una vereda no para llegar a algún lugar sino para “Alcanzar simplemente / el silencio del cuerpo”.

De la Biblia a la pantalla grande. Elementos cinematográficos en “Job” de Concha Urquiza

Laura Stephany Rocha Sánchez

  

Una de las artistas más importantes del siglo XX en la lírica mexicana es sin duda Concha Urquiza (1910–1945)quien a pesar de la brevedad de su vida, dejó como legado una obra de gran calidad. Nació en Morelia, Michoacán y desde muy joven comenzó a escribir poesía. Publicó por primera vez a los trece años de edad en Revista de revistas. Militó en el partido comunista, luego tuvo un cambio en sus opiniones políticas y volcó sus energías hacia el catolicismo. Murió ahogada en Ensenada, Baja California.

En los estudios que hay sobre ella, sobresalen aquéllos que la catalogan como poeta mística. Por ejemplo, la tesis de doctorado de Margarita León titulada De contrarios principios engendrada es iluminadora, enumera los elementos en la poesía de Concha Urquiza que la unen con el tema místico aunado con las referencias a la literatura de su tiempo y el contexto histórico en el que se desenvolvió la poeta. Otros, toman elementos presentes en la poesía de Urquiza, para hacer sus postulados. Tal es el caso de Poesía y memoria de Patricia Villegas Aguilar afirma que la vida y experiencia de la autora tienen una gran trascendencia en su obra poética. Algunos más, como Biaani Sandoval Toledo en “El amor divino y el amor carnal en la obra poética de Concha Urquiza” centran su atención en los elementos eróticos que sobresalen en sus versos. Y finalmente, figura el libro biográfico de Margarita Tapia Concha Urquiza, entre lo místico y lo mítico, rico en datos sobre la vida y obra de la michoacana.  

La evidencia voluntaria de sus lazos con los poetas españoles San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Fray Luis de León ya mencionados por los críticos que enumeré arriba, opacan la presencia de elementos de modernidad a excepción de la referencia a breves contactos con estridentistas sin llegar compartir su estética, la indicación de algunos dejos modernistas.

En  los “Sonetos bíblicos” de la edición de Lecturas Mexicanas El corazón preso, donde la forma y el tema se han repetido una y otra vez en el repertorio poético de muchos escritores, Concha Urquiza realiza ejercicios de índole visual que no estaban presentes en sus modelos, los poetas místicos, sino que se acercan más a enfoques cinematográficos en los cuales la palabra construye una imagen sensorial para que el lector perciba una experiencia poética más diversa.

Con el enfoque cinematográfico me refiero a la esctructuración de una secuencia de sucesos que construyen una historia con un encuadre preciso y una perspectiva que mantiene clara la presencia implícita del observador o lector.  De este modo, la palabra se convierte en el espacio donde se lleva a cabo el fenómeno de la imagen cinética con miras a diluir la distancia entre lo escrito y lo imaginado, en su sentido etimológico como imago-representación.

“Job” es el soneto perfecto para mostrar los recursos aplicados por Urquiza. En él, la poeta retoma la historia del personaje bíblico que sufre el escarnio del demonio con la anuencia de Dios para probar la fidelidad hacia éste último. Ella abalanza sobre el lector la secuencia de los hechos ocurridos a Job, dichos por él mismo como narrador lírico. La realización de las escenas se lleva a cabo con brevedad de manera que en una estrofa se sintetizan dos o más escenas. “Él fue quien vino en soledad callada, / y moviendo sus huestes al acecho / puso lazo a mis pies, fuego a mi techo / y cerco a mi ciudad amurallada.” (33) Esta brevedad tiene como consecuencia la velocidad y el movimiento propios del cine.

Ella hace del soneto una rememoración, construida con las imágenes del pasado narradas desde el presente de Job. De esta manera, se delinea la técnica del flash back en el que la secuencia va y viene del presente al pasado sin que con ello se pierda verosimilitud en la narración de la imagen. Siguiendo esta misma línea, la sucesión de los hechos no sigue una secuencia cronológica, sino que obedece a una lógica interna del poema, por lo que se apuntala la idea del flash back.

Además de la temporalidad fragmentaria, Urquiza entrevera las desgracias de Job con el sentir del personaje. Crea una intermitencia entre la visión y la experiencia de narrador lírico. La falta de expresiones faciales que haría un actor las compensa con experiencias sensoriales como se observa en el cuarteto siguiente: “Como lluvia del monte desatada / con saetas bajaron a mi pecho; / Él mató los amores en mi lecho / y cubrió de tinieblas mi morada.” (33) Habla del dolor que le provocó el demonio al hacer morir a su esposa. A mi parecer, este cuertarteto forma el puente entre la poesía tradicional y el enfoque cinematográfico pues en él se exhiben los recursos de los que se vale Urquiza para enriquecer las faltas de un medio que no es visual per se con los elementos del que sí lo es.

Culmina con un plano a detalle, si se entiende la palabra como perspectiva de la cámara: “hirió la tierra, la ciñó de abrojos, / y no dejó encendida bajo el cielo / más que la obscura lumbre de sus ojos.” (33) Primero observamos un plano abierto, donde todas las escenas se agolpan para contar las desgracias de Job y finalmente, la cámara se cierra y enfoca los ojos de quien hace el daño.

Como conclusión, los elementos presentes en el cine tales como temporalidad fragmentada, velocidad en la secuencia y diversidad de perspectivas, demuestran que una poeta con afinidades claras por la tradición, también es capaz de incorporar los avances de su época a su propia estética sin desdeñar ni el pasado ni el presente en función de construir una poesía que trasciende las veleidades del tiempo.

El paratexto como cimiento: La importancia del epígrafe para construcción de “La cierva” de Héctor Carreto.

Pocas veces nos detenemos a pensar en cómo afectan o modifican a  la obra principal los pequeños textos tales como el título, las dedicatorias o los epígrafes. Si se reflexiona un poco, estos elementos cambian nuestra percepción de la lectura. ¿Qué sería de Cien años de soledad con otro título? ¿O si Sor Juana no hubiera querido que relacionaran su Primero sueño con Primera soledad de Góngora? Estos pequeños textos que singularizan la obra y la hacen diferente se conocen como paratexto. Said Sabia también dice sobre el paratexto que “se refiere a un conjunto de producciones del orden del discurso y de la imagen, que acompañan al texto, lo introducen, lo presentan, lo comentan y condicionan su recepción” (Sabia, 2005)

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