Educar en la igualdad

Por Nancy Hernández Martínez

Había comenzado a escribir este artículo cuando un día después presencié una conversación que, sin duda, tendría que ser el inicio de lo que ahora lees. No porque sea algo extraordinario, por el contrario, por ser lo común, lamentablemente. Por común pasa inadvertido. Pues bien, iba en el transporte público – ¡qué mejor espacio para observar!- a mi lado iban tres hombres adolescentes de aproximadamente 13-14 años, estudiantes de secundaria, sus uniformes lo decían. Era inevitable escuchar su conversación, aquí un pequeño fragmento, pero con mucho contenido:

Adolescente 1: -… sí, la pendejita esa.

Adolescente 2: -¿cuál? ¿la del B?” (refiriéndose al grupo).

Adolescente 1: -No, esa es otra pendejita, esa está bien buena, yo sí me la daba, ¿tú no?

(Risas).

     A mi parecer este fragmento tiene mucho contenido, negativo, por supuesto, porque es el reflejo de la reproducción de una educación machista, de una forma particular de concebir a las mujeres, de esos adolescentes que en unos años serán adultos, pero que desde ahora ya manifiestan esa violencia. Como lo hemos señalado reiteradamente en los artículos escritos en este blog, la violencia contra mujeres y niñas se presenta de diversas maneras, estos adolescentes lo dejan claro: referirse a una mujer utilizando un insulto y que sea lo normal para ellos. Y qué decir del “yo sí me la daba”, como si su compañera se tratara de un objeto que puede ser tomado.

     Algunas personas dirán: “¡Ay, pero si así son los adolescentes ahora! ¡Es sólo un juego!” tratando de minimizar el fondo de esas concepciones. Ese es nuestro problema, creer que es un juego de una etapa de la vida y que luego pasará. Cuando en realidad lo más probable es que se vaya acentuando. ¿Qué tipo de relaciones construyen estos adolescentes con sus compañeras de escuela? ¿Cómo es el trato cotidiano? No lo sé, pero imagino muchas posibilidades. ¿Qué se hace en las escuelas respecto a esto? ¿Llamados de atención únicamente? ¿Acaso no se les tendría que proporcionar a las y los profesores herramientas para educar en estos temas?

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Las mujeres en tiempos de guerra

Por Sandra Martínez Hernández

Hace unos años vi un documental titulado La guerra contra las mujeres, producido por Hernán Zin, en el que las propias mujeres relatan sus vidas en contextos armados, específicamente en Bosnia, Uganda, Ruanda y Serbia. En el desarrollo, las protagonistas denuncian la violencia física, psicológica y sexual a la que se enfrentaron. Este archivo audiovisual expone una realidad que señala la vulnerabilidad de las mujeres en conflictos armados donde sufren grandes pérdidas, traumas y un dolor emocional y corporal que, luego de acabados los conflictos, continúa por las secuelas en sus vidas diarias. En este breve texto señalo cómo las mujeres son objetivizadas y puestas como botín en las guerras, por tanto, tenerlas y violentarlas es un avance en la estrategia bélica.

    “Pudieron destruir lo que se puede destruir en una mujer: su dignidad”, señala una de las once mujeres en el documental. Esta frase concentra los agravios de los que fueron objeto y es que la violencia sexual sistemática es una estrategia bélica que toma a los cuerpos, las emociones y marca la vida de las mujeres. La ejecución de este crimen se lleva a cabo a través del secuestro, golpes físicos, numerosas violaciones sexuales, contagiarlas de VIH-SIDA y numerosas humillaciones que simbolizan a las mujeres como propiedad de un grupo, por ejemplo, el orinar sobre sus cuerpos. De este modo secuestrar, golpear, violar y matar a las mujeres es un signo de que un grupo ha logrado parte de la propiedad del enemigo, que han ganado terreno y van avanzando. En todo ello, las mujeres ya no son personas, sino objetos.

    Resultado de todo este cuadro, miles de mujeres regresaron embarazadas y con hijos a sus aldeas, ante lo cual fueron estigmatizadas socialmente. El embarazo en este caso es tomado como un medio para violentar a las mujeres: porque por un lado los militares pueden obligarlas a abortar o las fuerzan a tener al hijo como una continuación del poder que tienen los varones. Ellas tienen a los bebés, los quieren, se los llevan una vez terminados los conflictos y los cuidan en medio de su pobreza.

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¿Para qué un día Internacional de la Niña?

Por Nancy Hernández Martínez

El pasado 11 de octubre fue el día Internacional de la Niña. Para un gran número de personas este tipo de conmemoraciones pasan desapercibidas –y peor aún si caen en domingo. Pero ¿por qué existe un día de la Niña? y ¿por qué hablar de esto? Primero, porque al igual que ocurre con muchos otros temas, es una oportunidad de visibilizar (en un día) algo de lo que poco se habla y hacer que la gente hable de ello, aunque creo que no se tiene el impacto que se desearía. Sin embargo, el objetivo de conmemorar este día es promover los derechos humanos de las niñas y señalar las diferentes problemáticas que enfrentan en esta etapa del desarrollo: pobreza, violencia, discriminación, desigualdades, abusos, tan sólo por mencionar algunas.

     Conmemorar un día así es también una oportunidad para evidenciar los grandes pendientes y rezagos de los Estados para el cumplimiento de los derechos de las niñas. De hecho, no quiero dejar de mencionar que el tema de la niñez es uno de los grandes pendientes en muchos países y por supuesto en el nuestro; donde pareciera que niñas y niños están en el olvido cuando las necesidades son diversas y cambiantes. En este sentido, más que una conmemoración considero que es un llamado a los gobiernos, organizaciones y sociedad en su conjunto, porque las situaciones que viven hoy las niñas tendrán consecuencias en el futuro, no sólo a nivel individual, sino social. Se trata de una etapa trascendental, clave para interrumpir la transmisión intergeneracional de esas desigualdades y desventajas.

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Pinches feminazis

Por Sandra Martínez Hernández

Desde hace algún tiempo en las redes sociales circulan memes con distintas frases que aluden a “las pinches feminazis”, incluso, hay grupos en Facebook que tienen como objetivo hacer burla e insultar a las feministas con dicho término. ¿Pero de qué va esto? ¿Realmente existen las feminazis? Trato de responder a estas preguntas no sólo porque a esta palabra se le equipara con el feminismo, sino también por su contrariedad política y práctica. Por ello existe la necesidad de ir a la historia y analizar qué significa esto de ser feminazi y saber si realmente puede existir una postura política de esa índole.

    La palabra feminazi fue usada y creada en 1990 por Rush Limbaugh, radio locutor estadounidense, en una coyuntura donde las mujeres defendían y podían ejercer, desde hacía años, su derecho a la interrupción voluntaria del embarazo1. Las reacciones de grupos conservadores no se hicieron esperar porque el hecho de que el movimiento feminista abogara por la autonomía de sus cuerpos era, y lo es todavía, un tema que causa miedo y repudio. Ante tales eventos, la respuesta fue una estigmatización hacia las personas y Limbaugh planteó que una feminazi es, en primer lugar, una mujer que tiene como prioridad practicarse tantos abortos como le sean posibles y, en segundo término, apela por una superioridad de las mujeres hacia los hombres.

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El mal chiste sobre la violencia

Por Nancy Hernández Martínez

Todos los días las mujeres enfrentamos diversos tipos de violencia, muchas de esas manifestaciones pasan desapercibidas precisamente por la normalización y aceptación social, incluso de otras mujeres. Un ejemplo de esta violencia es la verbal, la cual puede ser muy sutil por ir enmascarada de chistes y “bromas” en las que poco nos centramos en analizar su contenido y el arraigo social de estas formas de pensar. Pero si están ahí nos están diciendo algo, reflejan la concepción social sobre las mujeres y el rol.
Una palabra es suficiente para ejercer violencia y reproducirla. Una palabra es el inicio y deriva en muchas otras acciones hasta llegar a la muerte, sí, la muerte, porque la violencia va escalando. Y no es una exageración. Esas muertes que leemos todos los días en los periódicos, escuchamos en la radio o vemos en la televisión y que llaman feminicidios. Esos que están aumentando en nuestro país y muchas otras partes del mundo.

      Hace meses me compartieron en redes sociales un video que se titula Si los albañiles fueran caballeros, seguro que varios de ustedes lo han visto. Debo decir que no tengo claro cuál es el origen de este video o si es parte de un experimento social; resulta un video interesante por las reacciones que provocan los supuestos albañiles. Sin embargo, este ejemplo nos sirve para ver la otra cara de la moneda: la violencia verbal no es un asunto sólo de los albañiles ni de hombres de estratos sociales bajos.

     La violencia verbal a través de la cual se denigra a la mujer la ejercen hombres y mujeres, sin importar su estrato social o nivel educativo y sin importar el lugar. Lo mismo puede ser en la familia, en la escuela, en el trabajo y en los espacios públicos. Es lamentable escuchar y leer comentarios y “bromas” que nos violentan. Lo grave es que pasan por alto y son validados por quienes los escuchan.

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